El verano se fugó con el sol
Erase que se era un verano: radiante de felicidad, alto y henchido de sueños e ilusiones, de viajes a recónditos placeres ocultos. Erase que se era el verano, el inicio de todos los amores estivales, pasajeros, ardientes, apasionados, cálidos, deshinibidos.
Y así empezó, por allá entre los fuegos de artificio, entre los coletazos de los examenes, entre las prisas de los deseos, vigoroso su andadura. ¿Quién dijo que tiene miedo? Se nos adentra eufórico y burlón; con sus calores y sus quejidos.
Fue en aquel instante que él, altivo y altanero, se quedó prendado de algo: aquella luz que burlona le calentaba su sesera de galán y apuesto caballero. Y miró al cielo, cegándose ardoroso en sus adentros.
De la mano fueron pasando días, desgranando batallas, andando caminos, conociendo vidas, amando a hurtadillas, danzando bailes, quemando etapas, bronceándose, amándose, queriéndose.
Pero llegó el día y el verano se iba, el cielo comenzó a llorar su ausencia y el sol no se consolaba con nada.
Es así que el sol se fugó con el verano y juntos los dos andarán a otros lugares esparciendo sus rayos y sus calores.
El verano se fugó con el sol, lo aguardaremos el año que viene.



