El sonido del viento

Si te miro fijamente,
encuentro recovecos felices, alegres y tiernos,
y entre tus nubes grises de llantos,
caracolillos de chubascos parece que se ciernen en tus rencores,
¿por qué te temen y odian eterno otoño?
¿Será que la melancolía que emanas sólo la percibimos los soñadores?
Cuando me despierto,
a veces,
siento el olor de lluvia que sobrevuela la mañana,
y ando,
hasta calarme los huesos,
con los fríos pensamientos de felicidad oculta.
Y recurro al pasado como algo presente,
y prosigo el ciclo obsesivo,
pensando en lo bueno nuevo
y no me quedo nada porque no lo encuentro,
porque no hay nada nuevo,
porque no tengo nada bueno.
Desvío la mirada hacia los sueños,
hacía las miradas pensativas que me evocas
y siento como un crujido de nostalgía
brota de mi corazón.
No escucho tus dolores y quejidos transportados por el viento,
no noto tus caricias ni tus besos,
no te siento y estás tan cerca,
estás tan lejos.
Siento tus notas de trompeta melancólica,
alcoholizada por penas y penurias.
En el sonido del viento me llevas,
te llevo.



