Irrealidad real
La irrealidad de la realidad es cuando uno inventa historias dentro de la misma para sentirse vivo, supongo que ese es el sino del soñador obsesivo, del indolente retazo de deshumnanidad que nos desepera en los sueños.
La vida deshumana llega a su principio y vuelve al encaje de bolillos en que se divierte, arrasando y asolando los pensamientos, reviviendo las ignominias de los sentimientos, asolada y atemorizada por los pavores de mi yo.
Y es ahí donde la soledad tiene, en sus adentros, aires de melancolía y tristeza, dónde se crea y recrea en la mentes y fraguándose en los hechos.
Ese es dolor solo de la soledad. Es ese ojalá que siempre será un ojalá hasta que encuentre un ahora, donde llamo a tu puerta sin anunciarme, vagabundeando entre palabras para disimular lo que mi boca no puede decir.
Necesito que la distancia se acorte como se acortan los murmullos, necesito recoger los arcoiris, rayar el sol tamizando realidades.
Escucho la lluvia caer sobre los cristales mojados, en los espejos de sus miradas, con aire de nostalgia: suave y melancólica; el día sigue gris como las olas que rompen en la costanera siguen azotando su desidia; gris, entre los edificios acartonados por el frío, gris, en la ponzoña de mis pensamientos matutinos, gris. Y al llover las miserias se lavan yéndose por las alcantarillas.
La realidad de la irrealidad es la misma palabra, la misma historia recontada y calculada.



