Nuevamente solo

La mañana estaba sombría, llena de nubes y gris como mi pensamiento;
abotarado entre tantos sutiles matices que se me escapaban, atados de legañas y realidades.
En el traqueteo espeso de los vagones, repensaba en los pequeños detalles que aún revoloteaban en mi memoria.
Intentaba rescatar algún lejano perfume a olvido para presentarlo como nuevo mas la fragancia se volvía árida y oscura.
Y fue, en ese estado de somnolencia en donde me pasaron los momentos vividos, aquellos por los que la vida es mi vida.
Y tuve miedo, como tantas veces, de sentirme nuevamente solo, abatido por mis promesas y mis sueños.
Por eso intentaba que la somnolencia me retornase a otra realidad: la deseada.
Me sentí incomprendido por mi mismo; casi como roto, casi como caído.
Y sentí como en mi corazón se abría una nueva cicatriz, otra que restallar después de la batalla, después de las guerras internas.
Quería agarrarme a algo que me pudiese rescatar, a alguna boya, a alguna tabla de náufrago para no hundirme pero no hallaba nada más que mis propios recuerdos.
Y sin embargo, dentro de la zozobra me sentía libre casi como indultado sin ataduras ni atavíos como reiniciando el viaje y veía el camino amplio y largo otra vez en el Km 0.
Esta vez no lloré como las otras veces, me resigné a esconder mis sentimientos para otros momentos más emotivos y sensibles, otros momentos más importantes; en el fondo me justifiqué con todas las letras de la aventura y la cobardía.
Deseaba los abrazos perdidos, los besos robados, los clásicos susurros en tu oído, mirarme en tus ojos como en el espejo del alma, rozarte con mis arrullos...ya nada de eso podrá ser mas que en mis sueños. Porque lo único que deseaba era una quimera y un antojo, una ilusión, un hallazgo.
Otro futuro para no estar nuevamente solo.



