¡Qué hay de nuevo, viejo!

Es tiempo de mirar atrás,
puesto que contar las futuras canas
se me antoja cansado y monótono.
Y dejar que la vida me siga curtiendo,
dejando sus huellas,
sus cicatrices visibles,
aquellas que me recuerdan
lo poco vivido y lo mucho por vivir.
Y seguir creyendo en las ilusiones;
para que mentir sea más dificil que decir la verdad,
que abrazar más placido que litigar,
que entristecer más traumático que una sonrisa.
Y me seguiré enterneciendo con esa canción,
con esa ¡imagen;
sentiré esa lágrima suave,
salada,
alegre,
transformadora,
recorriendo mi mejilla y mi alma.
Intentaré seguir amando como el primer día,
apasionado,
romántico,
idiota,
y tropezar en esa misma piedra,
y caer en esa misma trampa,
porque, a fuerza de repetir,
seguramente ya no dolerá tanto.
A lo mejor me resguardaré mejor de las maldades,
y no me afectarán tanto las durezas,
y me afectará más tu desidia,
tu enemistad,
tu falsedad.
Y reiré, bailaré, correré, gritaré, agarraré, saltaré...y viviré.
Me emborracharé de todos los perfumes,
me enamoraré de todos los luceros,
de todos los amaneceres y atardeceres,
piropearé a todas las bellezas,
cantaré todas las canciones
que me recuerden a ti;
y seguiré pensando en otro domingo sin sol.
A mis treintantos me dedico a la reinvención,
a no cejar en los intentos,
a reconvertirme en otro,
mi otro yo,
mi menos yo.
Será por eso que me he mirado en el espejo
y una voz entre socarrona y chistosa
me ha susurrado:
¡qué hay de nuevo, viejo!



