Y sin embargo....

me mantengo en las mañanas,
plácido,
adormiladamente despierto de tus aromas.
Sigo imaginando realidades cuando son humo.
Me canso de temer y temo el cansancio,
el hastío,
la monotonía;
para luego caer en la desgana de la originalidad y el descubrimiento: supongo que eso es a lo que se llama miedo.
Es por eso que esquivo tu mirada,
vacía,
huidiza y alejada,
ebria de vitalidad.
Te espero,
como faro,
para alumbrarte el regreso,
allá donde estés,
allá donde partirás,
como ave migratoria: melancólica, olvidadiza, deambulante.
Paralizado,
quemada el alma de recuerdos,
dudoso,
breve,
cambiante,
deseoso,
pegando retazos olvidados....
la ciudad se para....
la ciudad se evade en humo.
No desisto en la búsqueda: atrapado en mis rutinas, intento atrapar los rescoldos, aún calientes, de tu mirada, de tus gestos, de tus perfumes.
Y cierro los ojos, para sentirte,
escuchar tus murmullos, insunuar tus pasos de tango: sigilosos, audaces.
Cierro los ojos asustado,
de encontrarte en mis adentros,
de participar en tus secretos.
Me entierro en los bolsillos de mi corazón y dejo vislumbrar un rayo de sentimientos,
contradictorios, gratuitos, azotados, dolidos, solos.
Y sin embargo no te encuentro...
Y sin embargo no me encuentro.









