
El sol se deja entrever entre la tarde otoñal, la brisa anuncia frío y manta, refugio y conversación.
Dejar navegar la memoria, remorar la infancia: cuando eramos invencibles, cuando el día era eterno ylos confines de la tierra estaban más allá de la calle, del patío de la escuela vecina.
Y pasamos de chutar un pedazo de plástico a que nos patearán con un desdeñoso beso.
Yo recuerdo coger la bici y salir al mercado, lleno de barro y tierra; morder polvo de calle, colegas de juegos, enemigos de barrio.
Todo esa tan relativo y absoluto. Y me acuerdo de las notas escritas con tu nombre y el mío, usando la amabilidad impagable de nuestra confesora.
Ese olor a caramelo, a sexo surgente, a risas aceleradas, a lloros prematuros.
La felicidad de tener, cada día, la aventura de revivir lo vidido como nuevo.
De anécdotas futuras.
De corazones furtivos rayados en los lavabos ajenos.
De las primeras botellas de ese licor llamado VIDA.
Fumando cigarrillos de libertad, desataduras, golosinas.
El sol se apaga, se va entre las montañas y una lágrima se me escapa en los recuerdos.
"Vedo florire il buono nel sole e d'azzurro...."